miércoles, 21 de marzo de 2012

De dónde eran? Eran de aquí?

El barrio es según como lo veas ese día; según la música que vayas escuchando o la canción que le hayas buscado para caminar por sus calles. Cristina dijo que debería cambiar mi rutina cuando voy a los sitios, que tenía que romper muchas costumbres; como aquella historia en la que un hombre siempre acaba cayendo en el mismo hoyo de la misma calle y esquivarlo, se convierte en su tarea diaria: lo bordea, lo salta, lo intenta cruzar alargando más la pierna...siempre se caía, hasta que un día descubrió que existía "otro lado de la acera", el cual tomó, llegó al mismo sitio y nunca más volvió a caerse

Me encantó la historia y, por circunstancias de la vida, hice el enorme gesto de cambiar de centro de estética, para darle más glamour a lo que ha sido la esteticista de toda la vida. Pensé que me daría un poco de paz el ser una total desconocida, pero a la tercera visita ya conocía para qué servían todos y cada uno de los cacharros que allí tenía, sabía de su novio, viví la muerte de su perrita y ahora, en abril va a hacerse su sexto tatuaje en un centro que le he pasado, con su novio. Me cuesta romper con la cotidianidad.

 El puente es zona de nadie, ni de un barrio ni del otro, así que nadie lo cuida. A un lado es muy frecuente ver coches robados y con los cristales rotos. El año pasado, había un hombre viviendo en uno de ellos. Lo descubrí una mañana en la que hacía mucho frío; me sorprendieron los cristales ahumados en un coche en el que parecía no haber nadie. Me asusté, más que por el individuo, por la situación en la que vi que vivía. 
Cuando se lo llevaron quedó su coche y a medida que pasaban los días, las piezas iban desapareciendo.  Cada mañana descubrías algo nuevo; las mantas que usaba, comida, etc. Una mañana lo encontré quemado pero aún así, tardaron muchos días más en retirarlo del todo.

Sin embargo al otro lado es diferente, todo cambia de color y como digo, siempre según la canción que escuches.

Muchas veces pienso que voy a llevar la cámara en el bolso para echar fotos: de patios de luces con ropa amontonada, puffs, de cristales rotos en portales, con puntas afiladas que nadie se molesta en quitar y que tardan semanas y semanas en cambiar. En la cantidad de coches con la etiqueta amarilla de abandonados que nadie retira y en la maldita zona azul que han acabado instalándonos. 
Es divertido ver el balcón del facha del barrio; se ha atrevido a colgar una bandera de la falange española en su ventana. Antes era capellán, un capellán borrachín y ahora discute divertido con los polis en el bar sobre política. 

Los polis: ¡Ahhh!  los polis del barrio. Les han rotado, se enquistaron mucho y pululan por otras zonas. A veces se dejan caer y te siguen cediendo el paso Un día, el que insistía en demostrarme que eran buena gente, el nº 356, me soltó una frase al quedarme a su altura en el paso. Iba con los niños y la entendí perfectamente pero me hice la despistada y le solté un "-¿Perdona? no te he escuchado-" Ayyyy... ¡Qué bien sienta ser frivolona a la par que inocente de vez en cuando! Le dejamos algo sonrojado, con el peque aún mirándole el uniforme y ella riéndose porque le digo que he ligado :-)

Este verano pasado mataron a una mujer en la calle donde prácticamente vivo del montón de horas que paso en ella. No fue pasional ni de ajuste de cuentas como los que se contabilizan en las noticias: fue entre vecinos. No tengo que decir lo horroroso que fue... Por suerte aquel día trabajaba fuera y no me enteré hasta veinticuatro horas más tarde
Era una mujer de unos sesenta años que venía a traerle la comida a su madre tal y como los periodistas de la tele iban recitando cada pocas horas. Recuerdo mirarles desde una terraza antes de entrar en escena; me daba la sensación de que miraban interesados todo lo que allí sucedía. Para más inri recuerdo ver una ambulancia parar en la esquina, a una mujer en el suelo completamente borracha y a todo el mundo intentando meterla a la fuerza en el vehículo "- Qué ironía-" pensé "-cualquiera dice ahora que el barrio tiene mala prensa injustamente-". 
En fin, aquella mujer era Susana; la madre de Aïna y Sandra, unas amigas de la infancia y del colegio, De esas con las que has vivido la adolescencia, las pandillas y los primeros (des)amores. En esa época y a esas edades también pasas tiempo con sus padres así que les conoces. Mi primer concierto se lo debo a Susana; llevó a su hija a ver a Eros Ramazzotti y me llevaron con ellas. No me gustaba nada el concierto pero el estar allí, viajar en metro con ellas entre miles de adolescentes siendo tan joven fue algo especial. Fue un shock para todos. No hacía ni dos semanas que se había sentado a mi lado en un banco de la calle para chafardear un poco sobre la vida.

Sigamos: a veces alguien me pide si puedo llamar a la policía; una semana me deprimí mucho allí. Lunes llamé porque habían visto saltar a gente por los balcones y entrar a casas abiertas, me asomé un poco para ver el piso y ví cortinas moverse. Martes a la de la tienda de enfrente la empujan con un cuchillo hasta el lavabo para quitarle el bolso, llego cuando la sacan en la camilla. Miércoles me la encuentro y me explica la historia: es la heroína de la calle. A mí ella no me acaba de gustar; una vez la ví salir detrás de un chaval porque le había robado caramelos y le empezó a dar golpes. Intervino gente y la cosa no fue a más pero a mí me dejó muy mal sabor de boca, tanto, que le hice campaña y casi nadie de nosotras le fue a comprar en unos meses. Fue muy cruel. 
Jueves pude ponerle nombre al montón de policías que vi en la esquina de los pasajes. Al parecer habían localizado a un par de ésos que están en busca y captura por el juez por tema droga. Todo se llena de abejitas amarillas y  motos blanquiazules en un instante. Te cortan la calle,el bus se encalla y te cabreas por todo porque el trayecto se triplica en lo que a tiempo se refiere.

Cuando veo al hombre mayor de la bolsa blanca me acuerdo del "chico que anda solo" como al parecer bautizaron a aquel chico africano de casi dos metros que andaba siempre por las mismas calles; arriba y abajo, sin hablar con nadie. Con el paso de los días todo el mundo hablaba de él y escuchabas todo tipo de historias, que si estaba loco, que no tenía casa ni trabajo y que le habían abandonado. Le ofrecían ropa, comida, la policía lo despertaba si lo encontraba dormido en el banco. Nada le inmutaba, pacífico, a veces aceptaba fruta. No entiendo como a pesar de los avisos y de la movilización de la gente no hacían nada. Poco a poco se fue adelgazando, empezó a hacérselo todo encima y dicen que enfermó. Le pusieron un final más o menos feliz; que habían podido solucionar el tema de sus papeles y que estaba en algo así como en un refugio. Bueno, los hay que en vez de deambular, les da por vivir en su coche.

La gitana rubia, que sale despeinada, en pijama y zapatillas a llevar al niño al colegio. Tiene dos hijos y juraría que al segundo no lo tiene escolarizado, los veo a todas horas juntos.

Aún así, me gusta pasear por allí, estoy muy hecha a su vida, es sólo que a veces consigo verlo desde fuera y es feo. Sí, te saltan niños por todas partes y algún que otro aterriza en tu coche pero yo por ejemplo, reconozco mi infancia en ellos, no la que hay ahora, la que yo viví. La de jugar sin presiones, la de pelear, la de caerte, ir en bici a todas partes.

A veces hago la prueba; dejé al peque estar solo en la plaza media hora, era como un premio al acabar la semana. Poco a poco tengo que ir dándole alas a éste también así que los dos ganamos; él aprende límites, juega sin olvidar mirar el reloj y yo me relajo confiando que va a mirar la calle y todo éso.  A los veinte minutos otra madre me lo trajo herido y sucio Unos niños mayores al quitarle la pelota, lo tiraron al suelo. Al otro, su hijo, al ir a defenderle, le habían tirado las gafas al suelo y le habían dado una patada. Me preocupé claro pero los vi contentos. Era como una hazaña entre amigos y sinceramente, tengo que confesar que después de ver su brazo rasgado, su ropa sucia y sus ojos llorosos sonreí por dentro mientras le curaba bajo la atenta mirada de cuatro niños de diez años. Más tarde simulamos buscarlos con la mirada en la misma plaza donde de adolescente, una noche nos cacheó la policía por estar comiendo pipas en las escaleras de la iglesia, zona frecuentada por los mayores, los más quinquis. Sigo viendo mi propia infancia allí así que le dejo elegir si quiere volver el próximo día a jugar su media hora solo. Dice que sí. A ver...



Vivido bajo esta canción.



miércoles, 7 de marzo de 2012

Destinatario, CC, CCO

Cuando devolví los libros a su dueña volvieron a tomarme el pelo. Llevaba meses esperando leer Contra el Viento del Norte y Cada Siete Olas. Odié a la protagonista desde el primer mail. ¡Qué mujer más agobiante!. Según ellas; es amor, es seducción. Para mí es una calienta braguetas que busca en el amante toda la fantasía y la morbosidad que no tiene en casa. ¿Que al final se casan? ¡claro! ¿Cómo va a haber un tercer libro de mails de "contigo pero sin ti"? No sé, ahora que pienso, quizás dependa del tipo de mujer que lo lea ¿no?  

Sira Quiroga me enamoró. Digamos que descubrí en ella  un tipo de mujer con el que me quiero identificar. Sin embargo por Emmi Rothner sentí mucho rechazo desde el principio. No sólo rechazo, también cabreo, porque me hacía perder el tiempo. Pensé si era casualidad/causalidad el hecho de haber leído dos libros seguidos cuyas protagonistas fueran mujeres y que ambas hubieran provocado algo así en mí. Me gusta divagar en esos por qués. Más tarde, me demuestran que desconecto, que me centro en lo que hago.

Como Emmi, paso una parte de mi tiempo sumergida en el mundo de los mails; redacto, cambio el trato y el vocabulario, adjunto y envío a todos y cada uno de los interesados, sin distinciones. Unos me recomiendan que les envíe copia oculta, otros, que si me llegan sin copia es algo entre nosotros,  otros que me envían mails a horas que saben que no estoy para contestar con copia oculta, unos que responden descuidando destinatarios para que descubras qué han hecho. 

Otros; un día ves que no te aguantan la mirada y te piden disculpas. En momentos así es cuando me pongo a pensar en los libros por ejemplo, o en algo de ropa. Ese día precisamente, me dí cuenta de que si voy a vestir de negro debería escoger todos los negros iguales. Diferentes negros hacían parecer la ropa vieja, o al menos más vieja de lo que en realidad es. En fin: "Por sus obras les conoceremos" como le gusta decir que no predicar.

Cuesta tener la cabeza tranquila y seguir sintiéndote buena, que es lo que me intento chutar cada vez que les huelo. Afortunadamente, me recupero pronto y vuelvo a vivirlo todo como lo que en realidad es. Ésto te hace madurar; de repente ves a la gente de otra manera, las relaciones se difuminan y se transforman en otras más frías. A veces tengo miedo y otras muchas consigo ir bien vestida para la ocasión.

He aprendido a desconectar. Ahora vuelvo a leer otra novela, prestada de nuevo y no una, dos mujeres protagonistas. "Three in a row" que dirían los ingleses. Es sólo que a veces todo me supera un poco y me da por escribir, con copia abierta, como siempre.







viernes, 9 de diciembre de 2011

If it makes you happy...it can't be that bad...

Sira Quiroga es mi Malena 2. Disfruto tanto de la historia, me veo tan reflejada en ella que la traslado y a veces me la llevo conmigo. Aún ando leyendo "El tiempo entre costuras" de María Dueñas pero en realidad no quiero que se acabe. Es raro, me da como fuerza leerla, interpretar todo tipo de papeles para salir de según qué situaciones y construir una nueva vida en lo que a relaciones y hábitos se refiere es algo que me engancha. Así que muchas veces me convierto en ella; respiro hondo y actúo.
Se me da bastante bien. No bajo la guardia y ahora acepto que tener frialdad no es malo, que éso es lo que llaman desapego pero cuando pasa lo contrario y sientes, y te vuelves a sentir tú, todo vuelve a ser muy especial a tu alrededor.

Mientras buscaba una canción movida para practicar el paso punta, vi que Eva se dejaba caer en la pared. Como siempre que pasaba, todas se irían hacia ella, se volvería a romper el ritmo de la clase, perderíamos cinco minutos hablando y recolocándonos hasta el próximo crujido del pie de Eva, o su mareo, o su migraña, o su mal estómago por haber tomado leche a esas horas, o porque se le resbala el pañuelo y pide ayuda. No me importa. Es su manera de vivir la danza; hay mucho bloqueo ahí y mucha autoestima por los suelos. Encuentro una canción, desde el suelo les digo que haremos el paso punta en el sitio, hacia delante y hacia atrás antes de girar y que lo haremos añadiendo brazos. La primera vez es un desastre, la segunda lo pillan, la tercera lo disfrutan.

Eva me dice que deja los brazos en la segunda; que no puede. En la tercera vuelve a dejarse caer en la pared y mientras vuelvo al suelo a buscar otro ritmo para poder añadirle círculos, Eva rompe a llorar y me mira diciendo que no, que no puede, que no le sale. Otra vez sus amigas se acercan a consolarla y ésta vez me uno al grupo, quizás para hacerla llorar más pero no pasa nada, porque llorar así, de esa manera limpia.
Lo único que pretendo es hacerla reaccionar; una mujer culta, con un trabajo que le gusta, adora la lectura, el buen cine, la buena música, tiene estilo, sabe vestirse, viaja, está puesta al día en informática, con un puntillo freaky que la sitúa en cualquier época tira todo por la borda ¿por qué? ¿tres michelines que poblan su torso? y que uno encima tiene nombre simpático y vida propia según ella?. Le digo con dulzura que cada uno tiene que sacarle un uso a practicar esta danza; quizás acercarnos a la cultura árabe y escuchar las canciones que salen de los coches del barrio con otros oídos ahora que sabían algunos pasos o quizás deporte, para aprender a disociar las partes del cuerpo con movimientos que no estamos acostumbrados a realizar pero sobretodo aquello pretendían ser dos horas en las que se desconectara del exterior por estar concentradas, no en los michelines que tengo sino en que tengo que hacer cuatro pasos y que si estiro el brazo derecho y me concentro en cuándo tengo que cambiar, tampoco notaré que el pañuelo no me ata porque tengo barriga. Que ése es el fin de las clases; ocupar nuestra mente en algo diferente durante dos horas "inútiles"si quieres, pero altamente beneficiosas para nuestra persona, porque salir de allí y no acordarte por unos minutos del día en el que estás no tiene precio. Hay un punto y aparte en la semana. 

No se enfada y el llanto no va a más, le pido disculpas por ser tan sincera. La aprecio y así se lo hago saber. Ahora espero que no esté dolida o enfadada por lo que le he dicho pero no tenía otra forma de decirle la verdad.

Es bonito vivir la danza así, como la vivo ahora. Ver lo que provoca en alguna que otra mujer es algo que me fascina. Hay una parte nuestra que normalmente tenemos muy olvidada y creo que descubrirla o rechazarla siempre provoca algo en ti. Me rodeo cada semana de: profesoras, fisios, administrativas, enfermeras, estudiantes, mujeres con intereses, ingeniosas con palabras y no vulgares con palabrotas, son respetuosas y escuchan. Y como yo he decidido que esta última aventura iba a ser a mi manera me llena mucho, porque ninguna va allí a lucirse y podemos hablar de ritmos, de interpretar instrumentos, de añadirle imaginación. Les enseño a bailar. Les explico el momento exacto de cambiar pero para que puedan bailar no para les salga perfecto. No sé cómo me verán pero sí que veo que algo en ellas ha despertado; explican en qué situaciones han practicado, en los bailes que han hecho delante de amigos, empiezan a traer ropa diferente, empiezo a ver más barrigas al aire y al final de la clase empiezan a intercambiarse los teléfonos.

Ahora quedan media hora antes y meriendan juntas, a veces me uno pero procuro llegar sola al local, para cambiarme tranquila, preparar la música y bailar para entrar en calor. La jefa del local me explicó cómo fumarme un cigarillo allí y que no oliera así que a veces lo he hecho y siempre pienso lo mismo: "- Mira donde estás. Te van a pagar por enseñar a bailar, por ¡bailar! Con lo que te ha gustado siempre hacerlo.-" Es divertido. Te hace pensar en por qué te toca ahora disfrutarlo. Estoy aprendiendo mucho con ellas, creo que son ellas las que me están formando a mí como profe, me mantengo distante en lo que amistad se refiere pero son momentos muy agradables.

Asistí a un evento social de empresa. Leí en internet que aún sociales, éstos eventos tienen carácter casi obligatorio así que sin pensármelo mucho me apunté. Y tal y como hubiera hecho Sira Quiroga, para la ocasión estrené un vestido de punto corto, color marrón, medias un par de tonos más claros y botas a juego con el color de la noche. Me he quedado sin mi perfume así que tuve que rebuscar en las muestras que te dan en las tiendas, con pánico de equivocarte y estar apestando toda la noche. Al final opté por Bulgari y me aseguré bien de que ponía "For women only" porque creo que no es la primera vez que he salido a la calle oliendo a hombre, colonialmente hablando. No dejé de hablar con mi parte de la mesa durante toda la cena, fuí encantadora, atenta y siempre tenía una semisonrisa en la cara. Después del café me despedí, les lanzé un beso a todos, deseándoles que acabaran de disfrutar de la noche y me largué con Rosa de copas, para hablar a gusto y libremente. Cerramos todos los bares de la zona y casi se nos hace de día en el coche hablando.

Este fin de semana debería acabar de leer el libro pero no sé si seguir alargando esta extraña conexión.




lunes, 25 de julio de 2011

May I?

No me gusta que haya muerto Amy Winehouse. No me gusta porque de repente, me trae muchos recuerdos: del momento en el que la descubrí, de a quien se la recomendé, de todas las veces que he cantado el Back to Black en el karaoke de la Play, de las veces que ha sido noticia por los colocones que llevaba en público, de lo injusta que es la gente cuando alguien es diferente. Bebe puso en su facebook que le dolía su muerte. A mí también.
Es y no curioso que lo diga, el éxito que le trajo su primer trabajo hizo que se agobiara tanto que tuvo que retirarse del mundo de la farándula. Recuerdo haber leído que cuando se enteró de que la gente bailaba con alegría su "Malo" en la discoteca se enfadó, porque el mensaje no era para llevarlo a la celebración. Dice que con el paso de los años, ha aprendido que cuando compones una canción y la dejas ir tienes también que respetar el uso que los demás hacen de ella. Supongo que es un riesgo; te sientes incomprendida, crees que los demás no han captado tu mensaje y maldices el momento en el que has expuesto un sentimiento tan íntimo de una manera tan pública.

A mí también me duele. Por toda la fragilidad que la envolvía, porque creo que cuando llegas a ese punto de no guardar las apariencias algo debe ir realmente mal en tu interior. Estamos hechos para fingir, de éso no me cabe la menor duda, es sólo que algunos lo llevan mejor que otros y a éstos otros sencillamente se nos ha oxidado el recurso por lo poco que nos gusta usarlo.

Y yo, que éstos días también trabajo mi fragilidad no puedo hacer sino compararme con ella. No con su final ni sus adicciones, sino con su manera de mostrarse al mundo, ésa que tanto molesta a según qué círculos; ensayo sonrisas y mi tono es más calmado. Total, ahí fuera lo único que me interesa es que me paguen después de cada actuación ¿no?

Sirva como un pequeño y cariñoso homenaje este primer post a modo de estreno de lo que  espero sean mis nuevas andanzas ahora junto a esta generosa segunda copa de vino que empieza a flotar ya en mi cabeza.






sábado, 5 de marzo de 2011

Sobre la melancolía...




"- !Háblame, háblame por favor!-"
"-Lo siento, nunca lo hago mientras trabajo...¿preparada? no te muevas ahora...-"
Sólo tengo segundos para hacer una única cosa; pensar en qué voy a hacer esas dos horas o prepararme para empezar con algo que me acompañará por el resto de los días. Lleno de simbología para mí y en un momento muy decisivo: a las puertas de los temidos cuarenta, los cuales no quiero cumplir. Así que opto por mirar el papel de film que recubre la camilla en la que apoyo mis brazos y me dedico a pensar, no en si duele a ratos, sino en si me decido a aceptar dar clases de danza a un grupo de cinco chicas en el gimnasio de una escuela.

Los puntos positivos es que me dan lo que pido y son más del rollo hippy, algunas con complejos ocultos. Quizás vuelvo a recuperar esa magia y puedo sacar cosas otra vez con ella. Pasaremos frío unos meses y no sé si puedo conseguir un equipo potente de música. Tengo unos altavoces de 60w y se los podría conectar al Ipod. Antes ponía velas y quemaba incienso durante el calentamiento, conectaba mucho con mi interior y conseguía cosas realmente bellas. Ahora estoy más preocupada en saber qué secuencia planea hacer la profesora para no chocarme con el resto del grupo girando mal.

Éso me lleva a pensar en la última oferta de mi profesora; cuándo se ha enterado de que vuelvo a abandonar la danza me ha buscado al chat y me ha dicho cosas; unas increíbles, como la de que me quería a mí junto a 7 chicas más para acompañarla en un número de percusión en directo junto a un gran maestro egipcio. Otras que siempre hago igual, que cree que no quiero destacar, que no tengo por qué salir al festival, que no abandone y me hace la oferta; darme clases particulares, cuando quiera y como quiera, trabajar lo que me interese, me las deja baratas y yo voy a cobrar casi tres veces más (las puedo cubrir sin tocar economía y hago ejercicio que es lo que siempre me digo cuando me encuentro cansada).

Pero es que en la escuela todo gira en torno al festival ahora; los dos últimos mails que he recibido son para pedir dinero porque viajan a Egipto a traer los trajes, envían las canciones para ir conociéndolas y se quejan si no vamos a clase porque descuadramos la coreografía. Yo tengo que bailar con un doble velo cuando apenas domino uno: no giro bien, me mareo y el velo se luce girando. No practico, ensayo y me siento "out" muy "out". No sé qué hacer ¿qué habrá detrás de esa oferta? ¿por qué me muestra tanta cercanía ahora que no quiero ir y le digo las razones de verdad?

Sin embargo me ha dicho algo que me ha gustado escuchar: dice que no entiende por qué no puede retener a una alumna que sabe que le encanta la danza, que le hace pensar que ella no lo hace bien, que aburre quizás, que le causa mucha inseguridad y le baja la autoestima. También se sincera y me dice que tengo que trabajar brazos, manos y equilibrio ¡cómo no! Me ha gustado más lo que ha dicho después: que tengo la ritmología y la técnica perfecta.

Sinceramente, yo creo que lo mío es el folclore; bastones, percusión, ritmos populares... En el clásico finjo y claro, no es creíble. Creo que se puede transmitir mejor el desamor que el amor. Funciona mejor, llega más rápido a la fibra. ¿y Susana? ha abierto un centro de yoga y me propone en un añito dar clases allí, ahora quiere intercambiarlas con lo suyo, dice que podemos hacer media hora yoga y luego yo le enseño danza... Humm, no me gusta hacer negocios con las amigas.
Buff!! Sólo ha pasado media hora y ya no sé qué más pensar así distraído. No puedo pensar en los peques porque lloro. No sé por qué pero ahora me pasa mucho: Les veo crecer y me apena. El otro día ella me dejaba helada en la revisión del pediatra porque  ya quería saber cuándo se convertiría en mujer y ahora que hay un bebé en la familia y me preguntan cosas de bebés me hacen revivir una época que recibo con melancolía. Es raro, las chicas de mi edad se estrenan como madres ahora y yo ando buscando sus manos al cruzar las calles porque ellos ya se quieren soltar. Sé que todo ésto pasará pero ahora es duro. Con lo callejera que yo era y lo que me saltaba las normas y mírame ahora: somos las peores.
."- Cómo lo llevas? Lo aguantas?...-"
"- Bueno, sí...pero tampoco quiero confiarme mucho y la verdad es que estoy pensando en otras cosas...-"
"- Muy bien...pues vamos para Bingo entonces...-"
Veo una burbujita en el plástico y me dedico a jugar con ella. Ya son las seis. Ilusa de mí pensaba que a esa hora estaría fuera.
Qué fea es esta sala. Casi no he mirado nada desde que he entrado. He venido con ésta cuatro veces y después de la tercera casi lo dejo. No captó lo que buscaba y me arrepentí. He venido hoy pero también he mirado los horarios del cine porque sino me convencía me iba al cine que está aquí al lado y ahora no sé cómo sentirme. Recuerdo las palabras de Raúl, mi primer novio que no amor: me llamaba "la niña pobrecilla". Lo hacía en torno de burla. Todas las cosas me afectaban según él; desde un perro abandonado al que le obligaba en llevarme en coche para llevarle comida hasta la pena que llegué a sentir por él por ser tan insulso y pelín prepotente. No me extraña que le dejara, le di una patada tal cual se la merecía pero ahora es diferente. A veces no controlo mi empatía...

Y yo que pensaba tirarme la tarde hablando con este buen hombre, preguntándole cosas para ir relajándome y hacer de ésto una experiencia resulta que me encuentro sin música, sin nada que leer o mirar aparte de un trozo de papel film que me tiene más que aburrida ya.
"- Bueno...pues a no ser que digas lo contrario....ésto ya está...¿Lo quieres ver? así que los coleccionas....-"
"-Desde los quince años....-"



miércoles, 29 de diciembre de 2010

Sobre la valentía






Hoy le decía a Sol que éste año lo íbamos a cerrar con un paréntesis; para tener cuidado con él, para resaltarlo un poco, quizás como punto de partida para cambios. He madrugado, he cogido un bus y me he atravesado la ciudad hasta la estación. Ella vuelve cada mañana sobre las 8'30 - 9 y como a esas horas es cuando dice se encuentra mejor me propone desayunar. Tenía miedo de verla, no respondo de mí cuando algo me hace reaccionar y he estado sin verla justo los meses más duros de su recuperación.
No sé por qué insiste en agradecerme el empujoncito final que necesitaba para empezar a plantarle cara a la enfermedad. Estuve guardando su secreto cerca de una semana en la cual estuve muy triste y lloraba por las noches. En el trabajo se extrañaban de lo afectada que me veían por tener problemas con Jazztel y Telefónica. Tampoco entendían los abrazos que alguna tarde nos dábamos en los pasillos. Ni que todas sus visitas a los médicos eran para poner en marcha, y de manera urgente, todo el mecanismo e intentar salvar sino uno de sus pechos sí su vida. Y es que cuando hablé con ella, su vida no le importaba nada; decía que no creía en la ciencia y que no quería ir a ningún médico y yo me encontré delante de una situación de las de verdad; no una de ésas en las que aconsejas a una desquiciada amiga que acepte la soledad sin hombres o a recomendar otro tono de sombra de ojos a mi compañera para que le alegre un poco más la cara cuando en realidad lo que quiero decirle es que necesita un polvo, así de crudo, que se deje de ostias de gente normal en los chats y miradas furtivas de paletas. No creo que hayan inventado el corrector de ojeras para desagriar una cara, un modo de ver la vida. Pues no, a dos puertas de mi despacho, sentada encima de una mesa amarilla, mientras su dueño de cuatro años jugaba en el patio con el resto de la clase, ella me tomaba una mano y la colocaba a un lado de su pecho para que yo palpara, a través de su piel, un miedo hecho realidad, un miedo al que le han dejado crecer hasta tener el tamaño de una pelota de ping pong. Vivía una de esas sensaciones con las que tardo días en reaccionar. Pero es verdad, la empujé y más tarde, aún sin reaccionar, le dije que creía que me había elegido porque le tenía que ser útil, porque a pesar de tener una relación especial no éramos amigas, que ése era el sentimiento que tenía: el de serle útil. En todo este tiempo casi no la he llamado pero sí que le hecho llegar cositas a través de personas; alguna película, algún libro, música. No quería visitarla porque la razón por la que íba era porque estaba enferma y me sentía mal.
Pero la vida me va demostrando qué personas son las que me conocen y entienden y las que no; quizás he perdido a Las Bridgets aunque ahora creo que han sido ellas las que me han perdido a mí, pero quien se queda y deja que sea como soy me tiene para siempre, así que casi siempre ha sido ella la que me ha enviado un mensaje explicándome en qué fase estaba y sobretodo cómo veía el mundo ahora y qué cosas quería cambiar de su persona, que vivía un Infierno.
Soy famosa por no entender lo de te hago una perdida, casi nunca puedo quedar así con alguien, siempre lo entiendo al revés. Hoy me ha vuelto a pasar, así que mientras me espera de espaldas la observo; tan pequeñita, tan consumida. Hoy le traigo un libro, del Punset, para que investigue si está ahí su mundo ahora. Desayunamos lo mismo, ella me explica en qué consiste la radioterapia y dónde se la dan, me enseña las uñas; dice que para ella son una señal de que va a mejor porque en verano se le cayeron, que la quimio lo mata todo. Todavía no le he preguntado si le han cortado un pecho pero me lo dice ella y también me explica el momento de mirarse a un espejo. Sabe que yo pasé por algo no igual pero parecido en síntomas hace siete años así que cuando le describo el dolor que se siente al incorporarse o al colgarse el bolso asiente con la cabeza. Dice que no podrá volver a llevar el bolso en el hombro derecho, también me explica que va a misa, que ha descubierto una que es cantada y que se siente una niña cuando está allí esperando que salga esa mujer y entone algo, que va sola. A mí me hace graciar pensar que me relaciono con gente bastante creyente para lo atea que soy, y que encima me llevo bien con ellos porque se han quedado con lo mejor de esa religión que para mí son sus valores así que tienen mi respeto. Pero a veces le noto mucha resignación en algo que sigue igual en su vida, y es su felicidad en pareja. Mientras se sirve el té le deseo también fuerza para que cuando esta pesadilla acabe se siga dando una oportunidad para ser más feliz porque se lo merece.
Al ponernos el abrigo me enseña sus pestañas y sus cejas que han vuelto a aparecer. "-¡Ah! y mira - y se levanta la peluca "-También me está saliendo el pelo. A ver si me atrevo y me lo dejo así!-". Es ella la que hace que me fije en todos los detalles, sino lo hubiera hecho no hubiera visto nada de éso porque no la miraba así, no he buscado restos de enfermedad y he intentado escucharla más que mirarla pero ella no, algo que también he respetado. La verdad es que sólo he podido ver a una mujer muy valiente ante la que me quito el sombrero, que no me ha hecho llorar delante de ella pero sí detrás.
Su marcha me deja tan aturdida que decido meterme en una tienda a hacer que miro regalos de Navidad; todo lo que miro es de abrigo. Toco una manta marrón muy suave, le pregunto las medidas a la chica, miro el precio y decido quedármela. Es muy, muy cálida...

martes, 16 de noviembre de 2010

The mummer's dance

Mi reencuentro con Quima, hacer una visita al local donde bailábamos, reencontrarnos con todas aquellas pomposas compañeras y pisar la sala donde empezó todo. Quima colocó a su hija en medio de la sala, bajó las luces y le puso música oriental. La pequeña empezó a moverse al son de la música pegando saltitos. Cuando nos cruzamos la mirada, volví a recordar la pasión que ella despertó en mí hacia la danza, me sonrió, tan dulce como siempre. "- Muy mal por dejarla...-" , esa fue su respuesta cuando le dije que había dejado de bailar.
El correo de Bego, preguntándome el horario para las clases; dice de tomar un café y cuando lo hacemos confiesa que conmigo la danza era más divertida, que no se sentía a gusto en el grupo. El año pasado no coincidimos en los días y las dos acabamos borrándonos. A mí me pasó igual, teníamos un bonita rutina en el trayecto de vuelta en el último bus de la noche y casi siempre nos ponían juntas en las secuencias de pareja. Noto que me habla dando por hecho que voy a empezar y no sé por qué le digo que para este curso necesito unas arañas para los pies porque no giro bien, me duelen al girar y nunca puedo acabar bien las vueltas. Quedamos en comprarlas juntas.
La llamada de la profe, explicándonos cosas y su invitación a ir a verlas un día. Lo hice y le confesé el por qué estaba tan desmotivada; el ambiente hacía que me cansara más de lo normal, que no compartía la danza como ellas; que querían dar un par de meneítos con las caderas y verse guapas con lo cual las interrupciones me mataban. Para mi sorpresa, descubrí que no era la única que se sentía así y que las más competitivas eran precisamente su cruz; una porque nunca conseguiría hacer un shimmy sin que pareciera que la estaban electrocutando y otra porque quería ser profe y a veces actuaba como si ya lo fuera; muy divas. "-¿En qué grupo me tendría que apuntar?-".
En el avanzado 2; me salta un nivel, dice que puedo hacerlo, que este curso quiere separación de niveles y va a marcar mucho de puerta hacia dentro. Y es verdad, lo hace; cuando alguna de las divas asoma la cabeza para probar nos hace trabajar lo más difícil. Hará un par de semanas, mi favorita vino a probar; le corregían brazos, mirada y le hacían repetir un paso alejada del grupo. La observaba discretamente, siempre me ha causado muy mal feeling su manera de mirar y siento curiosidad por saber el por qué. Apenas habló ni interrumpió, en los momentos de esperar turno se escapaba al vestuario y volvía completamente cambiada, cada vez más llamativa con sus modelos; bonitos, caros, demasiado elegantes para sudar. En ese momento, noté cómo mi interés hacia ella simplemente desapareció.
El cuerpo es muy desagradecido con ésto de la danza; se entumece, gana en rigidez y se vuelve perezoso, éso lo noto en el primer calentamiento y tampoco tengo el nivel, pero la profe me anima a que practique para ir mejorando; es un reto para mí; tener que practicar para poder llevar con más soltura esas clases; tener que desprenderme del ridículo y aprender a equivocarme en público cuando realizo secuencias en solitario, dejar ir mi imaginación al montar en clase una secuencia de 56 segundos y luego mostrarla en grupo, aprender a enlazarla y luego ver que una de las próximas coreografías que tu profe va a bailar en público llevará una secuencia de ocho de cada una de nosotras. Ahora se habla mucho de dónde está el público cuando bailamos; aprendemos a bailar en diagonal para poder desplazarte hacia el otro lado con otro paso, de cuando le miramos y cuando no, cuando sonreímos o cuando miramos hacia un lado a la par que giramos, de lo altos que tienen que estar los brazos para que el público vea el paso. Los brazos, son mi perdición; he aprendido cómo adornan los pasos, no a hacerlo pero sí verlo y supongo que ésto va así, no creo que haya un temario con principio y fin de posiciones de brazos, creo que se aprende con mirarlos; la gente está más pendiente de las caderas y sí, son espectaculares pero hay otra parte de ésa danza, en la que empiezo a entrar ahora en la que se aprende a transmitir, en la que si reconoces el ritmo y el tipo de danza te desenvolverás mejor, en los instrumentos que te dan pistas; un violín que predomina en un momento determinado se interpreta con ondulaciones, con ochos, con camellos. Si a éste le precede un sonido tintineante podrás hacer un shimmy, ¿un sonido más largo? pues con un círculo de cadera. En fin, me fascina ver cómo se puede interpretar una pieza clásica a la que no estás acostumbrada y sencillamente, la encuentro bella.
Tengo que practicar mi arabesque; cuando lo subo a punta parece ser que también lo hace mi cabeza y ésta debería permanecer inmóvil, la profe dice que necesito equilibrio aquí, que mi cabeza no obedece a mi cuerpo, no sabe estarse quieta. No sé por qué pero me hace gracia la comparación de este paso con mi persona; me veo así, pegando saltitos por la vida; intentando probar todo aquello que me gusta e intentando controlar la cabeza.
Creo que no es sólo eso lo que tengo que aprender a controlar allí, también tengo que hacerlo con mi carácter y aceptar a las que no me gustan para poder simplemente ignorarlas después, que lo que llamo sus carencias o su exceso de ego no sea negativo para mí, tengo que aprender a disfrutar estando con ellas. Éso implicaría tener el carácter dulce y divertido allí, la otra posición, la de "odiarlas" arruina mi tiempo. Sí, éso es lo que voy a intentar a hacer. Después, pienso trasladarlo al trabajo.
Luego dice mi madre que no sé aprovechar las cosas y que qué hago bailando...
(semanas para aprender un minuto y poco de éste clásico adaptado a nuestro nivel. Demasiado largo para todas pero bonita de interpretar)