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miércoles, 7 de marzo de 2012

Destinatario, CC, CCO

Cuando devolví los libros a su dueña volvieron a tomarme el pelo. Llevaba meses esperando leer Contra el Viento del Norte y Cada Siete Olas. Odié a la protagonista desde el primer mail. ¡Qué mujer más agobiante!. Según ellas; es amor, es seducción. Para mí es una calienta braguetas que busca en el amante toda la fantasía y la morbosidad que no tiene en casa. ¿Que al final se casan? ¡claro! ¿Cómo va a haber un tercer libro de mails de "contigo pero sin ti"? No sé, ahora que pienso, quizás dependa del tipo de mujer que lo lea ¿no?  

Sira Quiroga me enamoró. Digamos que descubrí en ella  un tipo de mujer con el que me quiero identificar. Sin embargo por Emmi Rothner sentí mucho rechazo desde el principio. No sólo rechazo, también cabreo, porque me hacía perder el tiempo. Pensé si era casualidad/causalidad el hecho de haber leído dos libros seguidos cuyas protagonistas fueran mujeres y que ambas hubieran provocado algo así en mí. Me gusta divagar en esos por qués. Más tarde, me demuestran que desconecto, que me centro en lo que hago.

Como Emmi, paso una parte de mi tiempo sumergida en el mundo de los mails; redacto, cambio el trato y el vocabulario, adjunto y envío a todos y cada uno de los interesados, sin distinciones. Unos me recomiendan que les envíe copia oculta, otros, que si me llegan sin copia es algo entre nosotros,  otros que me envían mails a horas que saben que no estoy para contestar con copia oculta, unos que responden descuidando destinatarios para que descubras qué han hecho. 

Otros; un día ves que no te aguantan la mirada y te piden disculpas. En momentos así es cuando me pongo a pensar en los libros por ejemplo, o en algo de ropa. Ese día precisamente, me dí cuenta de que si voy a vestir de negro debería escoger todos los negros iguales. Diferentes negros hacían parecer la ropa vieja, o al menos más vieja de lo que en realidad es. En fin: "Por sus obras les conoceremos" como le gusta decir que no predicar.

Cuesta tener la cabeza tranquila y seguir sintiéndote buena, que es lo que me intento chutar cada vez que les huelo. Afortunadamente, me recupero pronto y vuelvo a vivirlo todo como lo que en realidad es. Ésto te hace madurar; de repente ves a la gente de otra manera, las relaciones se difuminan y se transforman en otras más frías. A veces tengo miedo y otras muchas consigo ir bien vestida para la ocasión.

He aprendido a desconectar. Ahora vuelvo a leer otra novela, prestada de nuevo y no una, dos mujeres protagonistas. "Three in a row" que dirían los ingleses. Es sólo que a veces todo me supera un poco y me da por escribir, con copia abierta, como siempre.







miércoles, 29 de diciembre de 2010

Sobre la valentía






Hoy le decía a Sol que éste año lo íbamos a cerrar con un paréntesis; para tener cuidado con él, para resaltarlo un poco, quizás como punto de partida para cambios. He madrugado, he cogido un bus y me he atravesado la ciudad hasta la estación. Ella vuelve cada mañana sobre las 8'30 - 9 y como a esas horas es cuando dice se encuentra mejor me propone desayunar. Tenía miedo de verla, no respondo de mí cuando algo me hace reaccionar y he estado sin verla justo los meses más duros de su recuperación.
No sé por qué insiste en agradecerme el empujoncito final que necesitaba para empezar a plantarle cara a la enfermedad. Estuve guardando su secreto cerca de una semana en la cual estuve muy triste y lloraba por las noches. En el trabajo se extrañaban de lo afectada que me veían por tener problemas con Jazztel y Telefónica. Tampoco entendían los abrazos que alguna tarde nos dábamos en los pasillos. Ni que todas sus visitas a los médicos eran para poner en marcha, y de manera urgente, todo el mecanismo e intentar salvar sino uno de sus pechos sí su vida. Y es que cuando hablé con ella, su vida no le importaba nada; decía que no creía en la ciencia y que no quería ir a ningún médico y yo me encontré delante de una situación de las de verdad; no una de ésas en las que aconsejas a una desquiciada amiga que acepte la soledad sin hombres o a recomendar otro tono de sombra de ojos a mi compañera para que le alegre un poco más la cara cuando en realidad lo que quiero decirle es que necesita un polvo, así de crudo, que se deje de ostias de gente normal en los chats y miradas furtivas de paletas. No creo que hayan inventado el corrector de ojeras para desagriar una cara, un modo de ver la vida. Pues no, a dos puertas de mi despacho, sentada encima de una mesa amarilla, mientras su dueño de cuatro años jugaba en el patio con el resto de la clase, ella me tomaba una mano y la colocaba a un lado de su pecho para que yo palpara, a través de su piel, un miedo hecho realidad, un miedo al que le han dejado crecer hasta tener el tamaño de una pelota de ping pong. Vivía una de esas sensaciones con las que tardo días en reaccionar. Pero es verdad, la empujé y más tarde, aún sin reaccionar, le dije que creía que me había elegido porque le tenía que ser útil, porque a pesar de tener una relación especial no éramos amigas, que ése era el sentimiento que tenía: el de serle útil. En todo este tiempo casi no la he llamado pero sí que le hecho llegar cositas a través de personas; alguna película, algún libro, música. No quería visitarla porque la razón por la que íba era porque estaba enferma y me sentía mal.
Pero la vida me va demostrando qué personas son las que me conocen y entienden y las que no; quizás he perdido a Las Bridgets aunque ahora creo que han sido ellas las que me han perdido a mí, pero quien se queda y deja que sea como soy me tiene para siempre, así que casi siempre ha sido ella la que me ha enviado un mensaje explicándome en qué fase estaba y sobretodo cómo veía el mundo ahora y qué cosas quería cambiar de su persona, que vivía un Infierno.
Soy famosa por no entender lo de te hago una perdida, casi nunca puedo quedar así con alguien, siempre lo entiendo al revés. Hoy me ha vuelto a pasar, así que mientras me espera de espaldas la observo; tan pequeñita, tan consumida. Hoy le traigo un libro, del Punset, para que investigue si está ahí su mundo ahora. Desayunamos lo mismo, ella me explica en qué consiste la radioterapia y dónde se la dan, me enseña las uñas; dice que para ella son una señal de que va a mejor porque en verano se le cayeron, que la quimio lo mata todo. Todavía no le he preguntado si le han cortado un pecho pero me lo dice ella y también me explica el momento de mirarse a un espejo. Sabe que yo pasé por algo no igual pero parecido en síntomas hace siete años así que cuando le describo el dolor que se siente al incorporarse o al colgarse el bolso asiente con la cabeza. Dice que no podrá volver a llevar el bolso en el hombro derecho, también me explica que va a misa, que ha descubierto una que es cantada y que se siente una niña cuando está allí esperando que salga esa mujer y entone algo, que va sola. A mí me hace graciar pensar que me relaciono con gente bastante creyente para lo atea que soy, y que encima me llevo bien con ellos porque se han quedado con lo mejor de esa religión que para mí son sus valores así que tienen mi respeto. Pero a veces le noto mucha resignación en algo que sigue igual en su vida, y es su felicidad en pareja. Mientras se sirve el té le deseo también fuerza para que cuando esta pesadilla acabe se siga dando una oportunidad para ser más feliz porque se lo merece.
Al ponernos el abrigo me enseña sus pestañas y sus cejas que han vuelto a aparecer. "-¡Ah! y mira - y se levanta la peluca "-También me está saliendo el pelo. A ver si me atrevo y me lo dejo así!-". Es ella la que hace que me fije en todos los detalles, sino lo hubiera hecho no hubiera visto nada de éso porque no la miraba así, no he buscado restos de enfermedad y he intentado escucharla más que mirarla pero ella no, algo que también he respetado. La verdad es que sólo he podido ver a una mujer muy valiente ante la que me quito el sombrero, que no me ha hecho llorar delante de ella pero sí detrás.
Su marcha me deja tan aturdida que decido meterme en una tienda a hacer que miro regalos de Navidad; todo lo que miro es de abrigo. Toco una manta marrón muy suave, le pregunto las medidas a la chica, miro el precio y decido quedármela. Es muy, muy cálida...

domingo, 8 de febrero de 2009

De cuántos huevos te gusta la tortilla?

Un día de esos normalitos, donde luce el sol y el frío es el justo para que dejes un rato abierta la ventana sin que toda la barrita de incienso se esfume en segundos por la ventana. Estás duchada y peinada, con la cara relajada. Te recoges el pelo en una cola, te colocas un par de tejanos y una camiseta vieja, de algún concierto. A los peques les han recogido sus abuelos, los cuales practican qué es eso de estar jubilados, para ir a dar una larga vuelta. Parece que a ninguno le importa si tú vas, así que decides quedarte, porque es tiempo regalado, con el que no contabas. Tiempo de calidad (crees).
El móvil está en silencio desde la noche pasada. Cuando te acercas a él, descubres un par de llamadas de un número fijo, desconocido. No haces nada, pero te quedas con esa curiosidad del "quién llama un par de veces un sábado al mediodía". Cuando te has olvidado del tema, vuelven a llamar, mismo número. A la segunda frase reconoces la voz, te está gastando una broma. La aceptas porque es divertida. -"Ya está aquí otra vez"- piensas mientras declinas la invitación para comer. Le dices que ya tienes la comida: espaghetti a la boloñesa...dulces. No le dices que es una receta de tu madre. Tampoco que era lo que íbas a comer con los peques. Pero él quiere verte y pide que le invites. Dice que traerá algo de beber y media docena de huevos poque también podéis hacer una tortilla. Cuelgas y vas a mirarte en el espejo del lavabo. Tu cara sigue siendo relajada y decides no maquillarte. Hace algo de frío, así que cierras la ventana y mueves la caja de incienso hacia el suelo. Antes de salir de la habitación, te pones la chaqueta negra, cremallera hasta el cuello.
Piensas en eso de que atraes lo que eres y sientes una extraña curiosidad por ver si es verdad.  Después piensas en Anna y su teoría de que cuando un hombre insiste en venir a visitarte es porque quiere abrazarte (piensa bien). Entonces llega...
Han pasado cuatro meses pero a él le sigues gustando, probablemente lo hayas hecho siempre, pero ya sabes la manera que tiene de demostrarlo. Trae cerveza y media docena de huevos pero para entonces ya sabes que no ha venido a comer: ¿a abrazarte entonces?
En minutos ya está hablando de lo mismo. No hay nada nuevo en la conversación. No filtras, no recibes nada, es más, hueles su pensamiento. Cree que lo está haciendo bien y que todo esto va a acabar en una escena de amor. Le hueles la seguridad de que esta es la definitiva porque coquetea y se luce. Se mueve y gesticula, algunas veces serio, otras picarón. Acaba una frase y provoca un primer contacto físico al poner su mano en tu hombro. La deja unos segundos, después la retira lentamente.
Tú le miras, hablas poco y también sobre lo mismo. Pero esta vez estás más apagada, así que le vas a decir más. Le miras y te sientas a su lado. Él tampoco te escucha, no filtra, no recibe nada. Así que no te entiende cuando le dices que te has cansado de escucharle.
Vuelve a llegarte su seguridad. Vuelve a explicarte algo y esta vez deja la mano en tu rodilla. No la quita y mirándote a los ojos, confiesa que se muere de ganas por besarte porque ni a besarte ha llegado. Para entonces, tu decepción se ha convertido en rabia y piensas que ha llegado el momento de, como siempre pasa en estas historias, cerrar la puerta y que ya no corra el aire*.
Le miras con la cabeza semiladeada, entornando los ojos mientras se perfila una sonrisa pícara en tu cara. No sabe que lo único que haces es pensar en lo que vas a hacer con él. Te pide un abrazo, quiere añadírselo al beso pero se queja porque no es un abrazo fuerte pero lo que no es es cálido. Un poco de saliva, un reseguir de uñas en la espalda, un cuello tenso y nada de olor ¿qué hace un felino con una presa tan fácil cuando no tiene hambre? jugar...
Díselo, dile que no tienes ni para empezar con él. Que no se ha enterado de nada y pregúntale si no se siente ridículo. Ridículo por no cabrearle porque lo que en realidad te tiene es dolida y muy cabreada por haber invadido tu espacio y tu tiempo regalado de esa manera; con tantas pretensiones y miedos. Le enseñas las uñas y se las clavas bien hondo. No ha dejado de provocarte desde que apareció. Tú llevas muchos meses tranquila y no estás dispuesta a que un cualquiera se relama por haberte tocado. Hazlo todo con humor...escuece menos.
Muy bien. Ahora calienta esos espaguetis, tira su cerveza y acaba de servirte la tuya. Saca los huevos de la caja y colócalos detrás del único que hay por gastar en la nevera. Ponlos detrás pero antes mira la fecha de caducidad de esos huevos no sea que también estén caducados.
Comes en silencio, tanto que hace que reflexiones sobre lo que acaba de pasar y el lado que han destapado en ti. Imaginas las caras de alivio de las amigas, las versiones que podrías dar de la historia, lo divertida o patética que puede llegar a ser según los ojos con que la mires, así que decides seguir guardando silencio también. A él, le pones la melodía del grupo llamado Z, los del "I want none of this" de Radiohead. Ya sé que es una lástima no tener recuerdos físicos para poder deshacerte de ellos pero es lo que hay chica. Al final me crees ¿no? ¿ves cómo este chico no te ha dado nada de nada? bueno sí: ¿sus huevos? :-)
Nota del traductor: Mención a los Cds Que Corra el Aire, los cuales la protagonista echa de menos, dato que nos hace entender el grado de taponamiento emocional en el que el personaje se encuentra en estos momentos...)





jueves, 11 de octubre de 2007

"RnR"

Dos letras tiene mi estómago comprimido a estas horas. Mis peques duermen. Cuando me siento triste no me gusta cobijarme en ellos, no lo veo justo, pasarles mi angustia. Soy de las que creen que atraes lo que sientes. Eso me ayuda a ahuyentar pensamientos negativos muchas veces y funciona. Por eso no me gusta quedarme en ese corrillo de mujeres rencorosas, reprimidas (y separadas) que, a veces, se forma en mi trabajo. Pluralizan y me incluyen en sus lamentaciones, sus necesidades. Son una banda sonora, pero de las que me agobian, de esas que te compras por una sola canción para luego descubrir que el resto son malísimas y encima acaban antes de tiempo.

Ir por la vida como voy ahora, sin esperar nada de nadie ni planificar mucho las cosas, sobretodo las agradables, hace que mis días sean tranquilos y llenos de momentos en los que todo lo puedo cambiar. Pero esta noche no me gusta esa frase de "No expectativas=No desilusiones", hoy me ha dado una de cal y otra de arena. A veces soy muy extremista, cuando no encuentro un término medio me cuesta posicionarme.

La primera R - Se supone que ahora estaría escuchando el nuevo trabajo de mis "¿cómo llamarlos ya? Radiohead", bebiendo una copa de vino y llamando a mi sister para contrastar opiniones. Incluso anoche cancelé via móvil con Las Bridgets para seguir con ella hablando al fijo de ellos. Que si nos esperábamos al DiscBox, que cuánto son 40 libras, que son unos genios por la solidaria e innovadora manera de ponerlo a la ¿venta?. Anoche decidí no escucharlos y me acosté sintiendo el calor que mi ordenador desprendía. Las dos horas del mediodía sólo he osado a pasarlas a Cd pero tampoco entonces han ido a parar al Ipod ni al coche. Es algo especial. No sólo es otoño, es que encima voy a pasarlo escuchando lo nuevo de Radiohead. Con eso ya estoy feliz o, al menos debería estarlo más ahora. No está estrenado pero sí escuchado. Quizás lo haga mañana como se merece (hoy bebo tónica), pero sí que dejaré que el primer escalofrío que ha recorrido mi espalda, Nude, me acompañe escribiendo. Tres bellísimos hombres desnudos podrían estar frente a mí ahora mismo y yo seguiría sin abrir los ojos para mirarles. A ver quién es el guapo que consigue un escalofrío mío de nuevo teniendo Nude o In Rainbows como banda sonora del otoño.

La segunda R - Por eso me has preguntado a qué hora me iba. Querías explicarme algo. Yo suponía que sería algún otro problema con los jefecillos de este año o alguna anécdota de esa atracción fatal que aún no admites sentir justo cuando acabas de comprarte un piso con el que tiene que ser el hombre de tu vida. Pero no que te vas. Así, tan rápido, media hora antes de acabar, delante de la jefa y de otra compañera. La compañera más dulce que tengo, la única persona por la que me dejo abrazar y besuquear allí para mosqueo de alguna que otra por lo seca y borde que soy con ellas cuando lo hacen. Quien me conoce de verdad, sabe que me gustan los abrazos sinceros, no me vale cualquier cosa (por muy pedante que quede). No he reaccionado y he intentado darle al momento toda la cortesía que requería, pero escuchar tu discurso y las razones de tu marcha, tan bien memorizadas estos últimos días supongo, ha hecho que me enfade contigo. Escuchar al resto con las frases perfectas (bueno, pues que te vaya bien....o claro, tú puedes ya lo verás....) referente al nuevo trabajo, ha hecho que se me revolviera el estómago. Por eso, cuando me has susurrado "Por favor, no te enfades conmigo" lo he hecho más, porque si me lo estabas pidiendo por favor era porque sabías que no estaba bien. Por eso te he hecho llorar, porque me has expuesto a un momento muy íntimo con gente que no debería verme así, porque como has dicho más tarde, lo he hecho porque me importas. Si querías palabras típicas ya te he dicho que no iban a salir de mí, que no era así como me sentía. "-Tú me has llamado a las nueve de la noche cuando de verdad te ha angustiado algo, has contado conmigo en cosas muy importantes, así que no me vengas ahora con que no querías ponérmelo difícil por si se me escapaba. ¿Cuándo se me ha escapado a mí algo? y protegerme de ¿qué?. ¿Te vas y me lo dices media hora antes de plegar? Joder tía, ¿no te has dado cuenta de que el lunes ya no te voy a ver?"

Es el segundo abrazo sentido que doy en dos meses con alguien sentado en esa silla del despacho.
Siento mucho haberle hecho llorar, ella también lo ha hecho conmigo. Es la segunda vez que siento tanto la marcha de una compañera/amiga. Irónicamente, la primera fue a la persona que lleva sustituyendo cinco años ya. Ella sólo me recuerda a mí de su primera visita "-Hola, ¿tú eres Ruth? El jefe aún no ha llegado pero podemos empezar con los papeles-". Me gustó desde el primer día. Una flower power con un corazón enorme, de estas que puede entrar cuando estás cuadrando algo para soltarte un "-¿Queréis ver una nube?-", una cantante de gospel en sus ratos libres a la que siempre le doy el coñazo para que me cante "Amazing Grace", cosa que acaba haciendo encantada. La última vez fue en mi casa y como siempre volvimos a emocionarnos. Hemos pasado buenos ratos simulando trabajar delante de un ordenador cuando en realidad estábamos mirando vídeos en Internet o cantando canciones. A veces me ha saturado de lo rosa que ve la vida pero siempre me ha inspirado mucha ternura.

Ha salido de casa con una pulsera que la peque le ha regalado. Más tarde en la cama, cuando me ha preguntado por qué nos dábamos un abrazo en la cocina le he explicado lo que significa el echar de menos a alguien a quien quieres. Ella, tan cumplidora siempre, ha querido alegrarme y me ha sugerido desayunar en la cama conmigo y leer un rato los tres juntos. He aceptado, claro que sí.



miércoles, 27 de junio de 2007

High?? Fidelity

Ésto podría ser otra versión, a lo humor amarillo, de lo que pasó en la verbena. Si es que somos unos incomprendidos...



jueves, 24 de mayo de 2007

Quieres un plan?

"-...y eso es lo que te ofrezco. ¿Qué te parece?- y no le digo nada más, ni para justificarme ni para aclarárselo más.

Entonces hay silencio. "-¿No dices nada?"-

"-Bueno, es un plan, no es lo que yo haría pero lo sugeriré-".

"-No, no me has entendido. Ésto es lo que ofrezco. Y quiero saber cuánta gente dormirá en mi casa sábado noche-."

"-Vale, éso lo podemos decidir durante esa misma noche-"

"-Nooo, no me voy a poner a preparar camas de madrugada y no tengo tantas sábanas. Les llamas esta noche y mañana me lo dices. No, no puedo entretenerla porque tengo que acompañar a una amiga por la mañana. Además, viene con una amiga, que se vayan arreglando y cuando estén las paso a buscar. Además, dónde me meto yo con dos adolescentes londinensas a las diez de la noche en esta ciudad? Que se tuneen a gusto que seguro que se lo pasan pipa. Además, ¿has llamado al resto? Ellos tienen mucho más tiempo que yo.-"

"-Bueno, ya les conoces. No puedes contar con ellos porque van a su bola. No, ni siquiera he pensado en ellos. Si aparecen, aparecen.-"

"- Tengo dos horas para comer y ¿sabes qué estoy haciendo? Comiendo un bocata y planchando. Además he hecho las camas y estoy preparando la cena porque esta tarde, en cuanto acabe, vengo a casa con amiguitas de la peque y otra madre a ensayar el baile de fin de curso durante dos horas. Estoy en la peor época del curro, intentando terminar algo para lo que no estoy concentrada. No son excusas pero estoy muy cansada.-"

"-Ok. A ver si mañana te puedo decir algo...-"

El inútil con el que cuelgo, es mi mejor amigo y está muy acostumbrado a que cuide de él. Se niega a crecer y le cuesta entender que si no cambia, se va a quedar muy solo. El grupo, su grupo ahora, hace mucho que no funciona. Esperaré hasta que pase el último de nuestros cumples el mes que viene para decirle que no entro más en los regalos, que voy por libre y sin presupuesto, paso de tirar dinero (además no puedo).

Hasta hace una semana estaba contenta con mi rutina, muy cuadrada, hasta dormía y comía. No sé qué ha fallado. Coincido con tres mujeres en que nos duelen mucho las piernas, con una sensación de cansancio. Las tres menstruamos, así que la regla viene muy frágil este mes. No tengo tiempo de llamar a amigas enfermas que no vienen al trabajo, ni recrearme en él a la salida porque en minutos estoy ensayando una canción de las Cheetah Girls con seis niños en mi casa. Por fin encontré un pienso que le gusta a la perra así que no tengo que cocinar para ella. No consigo levantarme ni un día a la que suena el despertador. Todavía no me he puesto brillo en las uñas, juré cuidarme más el pelo y hasta me compré una mascarilla pero tengo que ducharme tan tarde que paso de potingues casi. No sé ni cómo vestirme ni como vestir a los peques así que nos cambiamos mil veces, no me da tiempo al segundo café y salgo de mal humor. Me muero por practicar la danza ahora que tengo la coreografía escrita a mi manera, creo que ya tengo el camello pillado.

Recuerdo Londres. Allí se reían mucho de mí, porque quería ser organizada, porque no quería perder el avión, ni ver amanecer en un frío andén de estación, al aire libre y empezando a lloviznear, durante una hora. Aquí necesitan que sea así; organizando visitas de famílias que no son mías, montando horarios, actividades, encuentros. Ahí se quedan, yo tengo cosas que hacer.

martes, 2 de enero de 2007

Infatuation :

a foolish, unreasoning, or extravagant passion or attraction
"-Si veo que me molesta mucho me vengo para acá, así disimulando...de buen rollito ok?-."
"-Vale, y otra cosa...si quieres, cuando vengas, yo te pido rollo y todo, aunque sea en broma, que me hace mucha ilusión... así, de buen rollito también -."
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"- Yo te admiro tía. Estás sola, pero puedes con todo; tu trabajo, dos niños, casa...Eres una tía de puta madre, puedes estar con quien te de la gana, no seas tonta, no te cuelgues de nadie y disfruta, disfruta!!-"
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"-Aún no me has dado dos besos...."- e inclina una mejilla para que se los de...cuando ya hace una hora que estoy allí...-"
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(Qué bien se ve la vida de los demás desde el otro lado...me pregunto si su mujer también me admira tanto como él...qué tonta soy...por qué no se lo pregunté si la tenía al lado?)

jueves, 19 de octubre de 2006

El Rey León II



Hoy podría escribir sobre lo contenta que estoy de que el peque, por fin, se haya integrado en la clase de Taekwondo, aunque sólo haga dos cosas, sobre la ilusión que tiene mi hija del fantástico fin de semana que le espera con mis padres. Sobre lo bien que me sienta bailar danza oriental, ayer hicimos meditación con Teardrop de "Massive Attack" o sobre las veinticuatro horas que estoy a punto de pasar al lado de un personaje muy diferente a todo.

Pero hoy Luís ha vuelto a entrar con la boca muy abierta. Su madre dice que anoche tuvo anginas...anoche, hoy no. Es el segundo día que entra así. A medida que avanza la mañana, su cuerpo también empieza a desencajarse un poco. Hoy es jueves. Los dos primeros días de la semana casi todo el mundo recibió parte de esa rabia, que más tarde su madre me confiesa "-No sé dónde está la raíz, no sé qué hacer-". No sé cuál de las cabezas que piensan por Luís en formato adulto decidió subirle "un poquito" la dosis, para calmarle y lo ha hecho, hasta el punto de tener que pasarle un pañuelo porque de lo "calmado" que está, no nota ni la fina estela que la saliva va dejando en su rostro.

Era mi hora de comer pero no podía dejar el trabajo. Toda la familia ocupada, la abuela paterna que no quiere saber nada y una madre que está haciendo cola en Hacienda intentando solucionar más problemas. Ha dejado de trabajar para poder atenderle mejor pero ahora ¿qué?  ¿podrá con todo?.

Me costaba moverme, más que nada porque ya agotado, me escuchaba y me miraba, así que mi síndrome del "pobrecillo" me ha instado a decirle - "Yo voy a comprar una cosa muy rápido y ahora mismo vengo. Hoy hay sopa, prueba un poquito que eso sí que puedes comerlo"-, como si fuera su madre pero ya no le venía de media hora más esperando a que alguien de su familia apareciese por la puerta. Anginas? Todo esto por unas tristes anginas?
¿Cómo va a creerse este niño que, a lo largo de su vida, irá encontrando gente que puede que no desaparezca, que se le quiere y que él también es muy cariñoso?

Esta mañana, el secador me ha explotado en la cara. He tenido la chispa muy cerca y un montón de humo ha llenado el lavabo. Me picaban los ojos, así que me he sentado en la bañera, apretándome los ojos con las manos. Al abrirlos no había luz y no sé durante cuanto tiempo, he imaginado mi vida con esa gama de grises. Aún así, me ha costado un poco descubrir que lo que había saltado era el diferencial y no mi retina.

viernes, 29 de septiembre de 2006

El Rey León



Aún recuerdo cuando vi a Luís por primera vez; con cinco añitos, recién llegado de Perú, adoptado por una pareja ya mayor, buena gente aunque algo “thick”, con muchas ganas de convertir en tres el número de residentes en casa. Sé que esta gente pasa por muchas entrevistas y muchas visitas antes de que les concedan el perfil de idóneos o aptos para el papel de padres, no sé donde estaría la persona encargada de decidirlo ese día, porque Luís no era un niño normal sino más bien problemático, así que no creo que el hecho de entregarlo, darlo, pasarlo, donarlo (hay tantas palabras para el acto) a otra familia atípica fuera la mejor solución para que Luís volviera a abandonar el orfanato. Y digo volviera porque, al igual que hacemos con las cosas defectuosas o con tara, a Luís le devolvieron a la tienda donde le compraron. Al parecer, fue una familia inglesa. Así que Luís dejó de hablar con tres años, así le encontraron sus nuevos padres y así me lo explicaron a mí, con el niño delante. El hombre olía a alcohol, la madre, una buena y sencilla mujer, procuraba hacer cursillos acelerados de “Cómo ser mamá” a sus cuarenta y tantos años. El hombre sólo corregía al niño: ”-Llámame papá, no me llames por mi nombre, te he dicho que me llames papá-”.

 Luís tenía unos preciosos ojos rasgados y negros como el carbón, a juego con su pelo; crespo y completamente falto de forma. Aún es así, ahora tiene diez años, acaba de empezar cuarto de Primaria. Sus padres se separaron hace dos, a veces los ven a padre e hijo juntos, haciendo cosas de hombres, bebiendo una cerveza y fumando mientras Luís merienda una bolsa de patatas, como digo, cosas de hombres, sólo que con unos cuantos años menos. Además del colegio, Luís visita a un psicólogo, logopeda y psiquiatra, también se medica así que mucha gente a su alrededor procura darle equilibrio, marcarle límites y educarle y muy pocas veces sale bien.  Hoy R. lleva una herida fea en el pie, causada por la doble caída que la misma mesa ha hecho en su pie, volcada por la rabia de nuevo.

El curso pasado, yo también fui víctima de su rabia, recuerdo haberle comparado con el animal salvaje que descubre por primera vez al cazador, corriendo prácticamente a cuatro patas por toda una sala huyendo del adulto, con sangre en sus labios de tanto morderse entre grito y grito. Yo acabé con un par de rasguños y unas cuantas patadas suyas. No iban hacia mí, iban, como siempre, a la nada. Creo que le cuesta dejarse querer. Dentro de poco, sobrepasará a su madre en altura, en fuerza, hace ya mucho que la supera con creces.

Puede que éste sea el último año que vea a Luís cada día, sonriendo, interrumpiendo con alguna tontería o buscándonos novios, puede que tampoco vuelva a verle llorar, gritar ni atacar en lo que él interpreta como “defensa propia” y me causa una pena extraña. Comprendo y también empiezo a creer que no está en el lugar adecuado, que debería ir a algún sitio en el que cualquier adulto sea un profesional de los que todo el mundo cree que Luís necesita pero considero que al hacerlo, también vuelve a cerrársele otra oportunidad de recuperar algo de la normalidad que este niño de diez años debería de tener ya.

En cierta manera, es como si lo devolvieran otra vez no?

Hace ya mucho que no creo en los milagros pero ojalá lo de hoy haya servido para que este pequeño ejemplar se replantee algunas cosas y cambie el chip de una maldita vez, me consta que sabe cómo hacerlo...


viernes, 11 de febrero de 2005

La mujer que se golpeaba con las puertas...




Recuerdo la primera vez que ví el libro. A mí siempre me ha gustado Roddy Doyle; tiene en su haber libros que luego han resultado en películas muy divertidas  y que forman parte de mi videoteca particular como pueden ser The Commitments o The Van. 


Pero cuando sacó éste, en parte me ofendió, porque consideré que se estaba metiendo en territorio ajeno, ¿Cómo podía explicar un hombre lo que una mujer sentía cuando la maltrataban? ¿Con qué derecho se hacía cargo de esos sentimientos? Decidí leer el libro y ver qué tal: la historia explica el por qué una mujer sigue enamorada de su maltratador. Hoy en día, ya sé que el tema no es nada nuevo, pero por aquel entonces, todavía no ocupaba tanto titulares diarios.


El caso es que, insconscientemente, leía el libro esperando la escena del maltrato, sin poder dejar de juzgar al autor por ser hombre. Pero he de admitir que la historia me sobrecogió. Ya hacia el final, cuando creía que no era para tanto, la "deseada" escena llegó...y con sólo media página me destrozó anímicamente...no necesitó más que unas líneas para describrir el horror...


Hoy, he vísto a esa mujer. Quiere que le diga a su hija que está bien. Al parecer, lavándose el pelo, le ha salido un morado en el párpado... ¿Qué cosa más rara verdad? no ha ido al médico, ha ido a la farmacia. Allí tampoco se explican el motivo del morado. Pero que no era nada, que su hija  había salido de casa preocupada y que la calmara. Es raro, porque no hace ni dos meses el morado lo tenía en el otro ojo, pero ése fue de un golpe que el pequeño le dio sin querer...tampoco fue al médico, porque ya está acostumbrada a que le pasen esas cosas.

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Africa | 11 febrero 2005 |